sábado, 25 de junio de 2011

Cuéntame

Cuéntame ese secreto
El que no me quieres confesar
Pero el que me grita tus ojos cada vez
Que tus parpados me los dejan ver

Libérate de esa carga
Dime la verdad que te ahoga
Cuéntame…
Como me vives
Cuéntame como me extrañas

Envuélveme con tu verdad
Haz que mi piel se erice
Que mi voz se quiebre
Y que mi corazón pierda el juicio

Sobórname con un beso
No dejes que yo pregunte
Invítame un abrazo
Y susúrralo
Lento, muy lento

Maquina tus palabras
Endúlzalas y gózalas
Con cada tono de tu voz

Dime que ME QUIERES
En el mejor
Y preciso instante

jueves, 16 de junio de 2011

Triunfemos

Alguien me dijo en un momento que nunca sabremos si triunfamos en nuestra vida. Solo destacamos aquello que hicimos bien. Recordamos aquellas benéficas situaciones, esas, en las que fuimos listos, capaces y asertivos. Hacemos un recuento casi automático de las cosas que debíamos hacer, las que alcanzamos a hacer y a veces, las que queríamos hacer.
Tenemos en la consciencia de que debemos triunfar, pero por partes, por sectores de nuestra vida.
¿Y si los relojes giraran del lado contrario? Podríamos parchar algunos agujeros de nuestro pasado, jugaríamos a revolver las cartas de un juego de naipes y sería una partida a nuestro favor.

Cortaríamos los papeles de manera diferente y tal vez nuestras actuaciones tendrían más emoción, seríamos más hábiles a la hora de cruzarnos con aquel peldaño, el que malicioso se adelantó a nuestros pasos y saltaríamos los agujeros de las calles y así no tendríamos rodillas marchitadas. Tal vez nuestros dedos no se acercarían nunca al filo del malversado cuchillo.

Podría ser si el amor no fuese nuestro fuerte en aquella vida, escoger correctamente a aquel quien de verdad nos correspondió.
Quizás ganaríamos ese partidito deportivo que perdimos. Todo sería corregible, todas las malas palabras borraríamos; a todo cuanto herimos lo habríamos sanado. Sería perfecto…sencillamente perfecto

Pero volveríamos a nacer, para volver a empezar. Aquellos fatídicos malsabores tendrían otras cicatrices, las palabras nos castigarían con otra intensidad. Quizás nunca nos guste el deporte y nuestro azar sería lidiado por otro Karma.

Seríamos diferentes y aún así nos preguntaríamos hasta el final de nuestros días si realmente somos o no unos triunfadores.

De tantos errores que cometemos, de tantas penurias que pasamos, sin embargo, hay tantos momentos felices, tantas alegrías y emociones que concurren en nuestra memoria que en un momento, tal vez, se llegue a la conclusión de que no vale la pena triunfar como lo definen el resto de los mortales; que vale mucho más vivir, sufrir y gozar. El triunfo se basa en la conformidad de los actos, y si te equivocaste correctamente, si tuviste momentos horrendamente felices, si te amaron y amaste como a nadie en el mundo; si amaste tu vida aunque en un comienzo fue difícil, dolorosa pero al final de tus días miras en donde estás, notas que aquel lugar donde estás sentado es donde debes realmente estar; eso, en ese pequeñísimo instante te darás cuenta de la real definición de triunfar.

Los errores se hicieron para hacer las cosas bien…
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