jueves, 2 de septiembre de 2010

Para Ellos


Marcada mi vida con ruedas, mis pisadas con líneas de giros y mas giros. Es mi vida una silla de ruedas, es mi vida mantenerme aquí hasta que la enfermedad me acabe por completo. El asesino silencioso, le dicen


No mantengo pelo en siquiera alguna parte de mi cuerpo, ella se lo ha llevado todo, como también se llevó lo que me quedaba de energía.

Me habría gustado mantenerme en pié el tiempo suficiente para decirle a aquella chica, mi mejor amiga, que la quería para mi, que la amaba, que la iba a invitar a ese bendito baile. Al que le llevó Esteban.

Me abría gustado mantenerme en pie, el tiempo suficiente para jugar el último partido de fútbol con mis amigos y haberlo ganado. Me habría gustado mantenerme en pie el tiempo suficiente para hacer todo lo que se me antojase.

Pero te me adelantaste, con tan solo 15 años, estoy postrado de por vida en una silla de ruedas. Con una pañoleta en la cabeza para ignorar mi calvicie, con los labios secos, por falta de hidratación, con muchos kilos menos, los que demuestran en cada mirada que hago al espejo, una expresión demacrada, somnolienta, horrorosa, sacada de una película de terror.

Convivir con otros como yo, no me hace la vida más fácil. Al contrario, me demuestra que cada vez me queda menos vida.

Al ver pasar a los “normales” con sus familias por la calle de enfrente, me liquida, es por eso que había decidido no salir nunca mas al patio de la institución. No tienen idea de lo que yo sería capaz de hacer para tener de aquellas vidas, aunque sea un minuto, uno, el que me haga disfrutar de todo lo que me perdí por estar metido en toda esta mierda.

Ya me resigné a estar solo. Mi madre hace mas de dos años que no viene siquiera a saber si aun me mantengo con vida. Nada, no tiene idea de nada. Al quinto mes de su inasistencia, comprendí que me había abandonado, lo que comprendo. Para qué ir a ver a una persona que ha sido desahuciada.

Así mismo fue como partió Patricio, solo, abandonado. Por dos noches lo escuchamos gritar por su madre, por su hermana, pero nadie hizo caso de sus llamados. Al tercer día, no se le volvió a escuchar.

En varias ocasiones, tenias que soportar el ver a los suicidas, los desesperados, los que terminaban creyendo que el suicidio era la manera mas fácil de acabar con todo ese martirio. Te los encontrabas cuando menos lo esperabas.

-¡¡¡deja elegir como morirme!!!- fue lo que me dijo Eduardo cuando estaba camino a saltar de la ventana.

- ¡¡¡esta no es la forma imbécil!!!-

-¡¡déjame!! No quiero que me pase lo que le pasó a Patricio, quiero salir de aquí ¡no quiero entrar a esa pieza y de ahí no salir con vida! ¿¿Que no entiendes?? ¡¡¡¡¡Nos vamos a morir!!!!!...nos vamos  morir….-

A veces la desesperación te hace tomar decisiones apresuradas, como la de Eduardo, que pudo al fin salir de aquí, cuando azotó en la acera de aquel patio.


Somos jóvenes y desesperados, ahogados en una depresión, la que todos compartimos, la que todos llevamos a cuestas y todos nos podemos poner en el lugar del otro. Es irónico todo esto.
  
Y mas irónico es que yo no escogí como morir, solo llegó y ya.
  
La última vez que me mantuve con vida fue cuando me subieron a  la ambulancia, la que tuvo que hacer un viaje extraordinario conmigo, con mi madre al lado. Nunca comprendí por qué al final ella volvió a aparecer. Sentí sus manos, en mi cabeza, heladas, y su llanto melancólico a la distancia.

Unos “perdóname” “Te amo” “No me dejes” también alcancé a oír. A pesar de todo, la disculpé (ya que solo Dios perdona, como ella misma me enseñó), por que aun así la comprendía, a  mis cortos años lo hacia. Pero ya no hacia reacción mi cuerpo, era como si no quisiese seguir despierto, así que me dejé llevar.
  
Al menos no me tocó despedirme solo de este mundo.

Se que a la clínica vivo no llegué, también sé, que mi madre hasta el día de hoy se arrepiente por haberme dejado tanto tiempo en aquel lugar.

Se va a acordar de mí siempre, porque mi defunción, fue el día de su cumpleaños.
  
Para mis amigos, los que aun no siguen mis pasos…y para los que me llevan un buen adelantado….

Carlos.
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